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Humanos, muy humanos

Imagen: Litoral de Benín

En la Amazonía los antropólogos, las antropólogas y les antropologues están rodeados de una aureola a centímetros de la santificación, sus palabras son casi sagradas, irrefutables. Pero recordemos que es un quehacer profesional humano como cualquier otro y hay que verlos en esa dimensión. El crítico literario Edward Said citaba Claude Levy –Strauss para señalar que la antropología era la doncella del colonialismo y no le faltaba razón. Hace ya varios años que se hicieron público los diarios de Bronislaw Malinoswski en él anotaba sus impresiones sobre el trabajo de campo y la observación participante en la que estaba involucrado, Malinoswki fue un antropólogo de nacionalidad británica. En esos diarios para muchos de gran honestidad y para otros una persona que solo velaba por él mismo, lanzaba denuestos a la población que observaba. En Isla Grande circulaba una historia de leyenda con visos de verdad, que un científico social cuando tenía que hacer el trabajo de campo le brotaban picos de ansiedad ante su posible salida fuera de la ciudad, que era calmada con unas balsámicas pastillas. O de la demoledora autocensura al pergeñar las etnografías. Hay muchas historias como estas seguramente rondando por los rincones de la isla. En ese contexto, por la recomendación de un gran amigo lector, al comentarle el libro de Roger Bartra y citar del ensayo de este antropólogo mexicano la anécdota que un científico social francés lanzó una teoría sobre las castas en la India, pero ligero detalle, él nunca había estado en la India sólo la había leído, y al pisar el campo, confesó que tenía que enmendar su teoría. Al escucharme Rafa, así se llama este amigo de lecturas, me recomendó el libro de Nigel Barley «El antropólogo inocente» que le recomendaron en la facultad. Es libro es una cura de humildad a les antropólogues cuando están en el trabajo de campo con el grupo humano que está estudiando. A ratos es hilarante, serio y reflexivo. Barley va a hacer su trabajo con los dowayos, en Camerún, África. Narra desde los tediosos, surrealistas y kafkianos trámites administrativos hasta el contacto del hermético pueblo dowayo –inclusive hay una creencia en uno de los pueblos, los fulani, en enemistad con los dowayo, dicen que están enlazados con un grupo indígena de la Amazonía. El libro de Barley hace situar a esta profesión en su dimensión real que como todas tienen porosas zonas de luces y sombras.

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