Discurrir ciudades

Fotografía: Venecia
¿Podemos imaginar la ciudad que vivimos? Seguro, y de mil maneras. Ese ejercicio de imaginación pergeñó Italo Calvino en el libro «Las ciudades invisibles», está publicado en la editorial Siruela, con la traducción de Aurora Bernández, ella fue pareja sentimental de Julio Cortázar. Recuerdo hace unos años en Madrid, que Bernández expuso los libros de su biblioteca personal, allí puede ver la autógrafa de Mario Vargas Llosa dedicada a Julio Cortázar en la novela «La casa verde». La obra de Calvino es un diálogo entre un rey tártaro y el viajero Marco Polo, y este le va contando al monarca las ciudades que presuntamente visitó (o imagina). No hay ciudad igual o parecida. Hay ciudades del deseo, ciudades acuáticas (como en los relatos kukama) y más, en boca del peregrino. En uno de sus diálogos dice el protagonista «cada vez que describo una ciudad, digo algo de Venecia». Es decir, la recrea de mil maneras, tiene mil caras. Traes a la memoria los pasajes, canales y vericuetos de esta ciudad que está en medio de un archipiélago de 118 pequeñas islas –el archipiélago Marajó en la desembocadura del río Amazonas tiene alrededor de 2,500 islas e islotes.
Leyendo el libro de Jorge Carrión «Pasajes», Carrión describe la historia de Barcelona a través de fragmentos, es una inteligente aproximación a la ciudad. En una de sus páginas cita al arquitecto Enric Mirelles, quien cogió sus bártulos y puso su estudio en el centro histórico –justamente en un pasaje, con el propósito de reivindicar ese espacio de la ciudad –todo lo contrario de lo que pasa en Isla Grande donde cada día el centro se degrada más ante la indiferencia de propios y ajenos. Mirelles, cuenta Carrión al entrevistar a su viuda Benedetta Tagliabue, en sus clases de la universidad recomendaba a sus alumnos, alumnas y alumnes leer el libro de Calvino donde imaginó muchas ciudades, su afán era espolear la fantasía. Quizás nos falta leer a Calvino para querer y discurrir más a la Isla Grande de este extraviado archipiélago.