Lanzarote: escribir desde una isla

Foto: Casa dos Bicos, Lisboa
Recuerdo que fui con F a la celebración del día del libro donde ella trabaja. Ese día en una gran sala los libros expurgados estaban sobre una mesa y a disposición a todos –es una biblioteca especializada en asuntos exteriores. Los libros los regalaban. Había mucha gente, y codos, detrás de esos objetos de deseo. A pesar que fui temprano pude coger unos libros. Entre ellos los «Cuadernos de Lanzarote IV. 1997» de José Saramago, el año 98 recibe el premio Nobel. Lo dejé descansar en la biblioteca de casa, aunque los libros acuden a uno en el momento oportuno. Ese cruce de caminos entre el lector o lectora con el libro es uno de los encuentros más mágicos que existen. Había leído de él una novela, un libro de viajes, un intercambio de cartas con Jorge Amado que lo compré en la Casa dos Bicos en Lisboa.
Confieso que he quedado prendado de los Cuadernos, la traducción de Pilar del Río la enriquece. Partía de la premisa como es escribir desde una isla –haciendo un símil imaginario con Isla Grande, y Saramago con estos cuadernos desbroza el camino. Cuenta de sus viajes, de sus ideas acerca de la integración europea –él creía, y no le faltaba razón, que la propuesta de integración es económica y este continente es más que eso; de sus anécdotas, de su relación con los lectores por el mundo como la de una señora que le escribe después de leer la novela «El evangelio según Jesucristo» donde recibe dentelladas sangrientas de esta mujer brasileña que pensó que era una irreverencia sobre su fe. Le dice de todo, menos bonito, él lo tomó con sano e irónico humor.
Gran libro de Saramago y sus guiños para escribir desde una ínsula.