Tropismo de lector

Foto: Lectura de un viaje en el metro
En los «Cuadernos de Lanzarote. IV. 1997», de José Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura 1998, la traducción es de su mujer Pilar del Río, acuña un término de gran metáfora literaria como es el tropismo de lector. La traducción del portugués al español, es muy buena. He leído otras traducciones de Saramago que ralentizan la lectura, la del Río no te agota.
Lo leía en mis recorridos en metro que son cerca de 45 minutos, buen tiempo para leer –en la navegación fluvial por la Amazonía, mi pesado cargamento eran libros que mi madre ironizaba urticantemente sobre el equipaje. La metáfora de Saramago me viene bien en estos viajes por el subte (como llaman los argentinos al metro) porque allí lo que cita él ocurre con frecuencia. El diccionario nos dice que tropismo es el « movimiento de orientación de un organismo sésil como respuesta a un estímulo», la definición me llevó al recuerdo de las clases de Biología del colegio con el tropismo positivo de los plantas cuando buscan con ahínco el sol.
Eso mismo nos pasa cuando uno busca y mira de reojo un texto o vas hacia él; es muy frecuente cuando estás en un viaje, en cualquier viaje. En este caso, en el metro tiendes a mirar disimuladamente lo que alguien está leyendo: la cubierta de un libro o una página (sin ver la cubierta he tratado de adivinar, fallidamente, quién es el autor por la prosa). Son pequeñas satisfacciones. Aunque por estos días ese tropismo de lector está venido a menos en estos tiempos líquidos, te topas con las personas que están esbozando sonrisas con las tonterías de TikTok o miran las ofertas de ropa ¡Que aburrimiento! Así se amansan las mentes.