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El jardinero vagabundo

Imagen: Chiclayo, Perú

El estío en esta parte del mundo nos depara lecturas alentadoras que hay que buscarlas con un candil en la mano. No me fío mucho de la publicidad que nos abruma en internet o de aquellos con gran narcisismo muestran los libros que van a leer en sus muros de FB. Hoy los buenos, regulares y malos, están envueltos con un manto de publicidad que es difícil detectar libros con las letras mayúsculas, en verdad, producen salpullido y alergia al mismo tiempo porque te topas con grandes desilusiones. Hay que afinar el olfato y la vista.

Esa magia del encuentro del libro con la lectura la encontré en el libro de Gilles Clément «Elogio a las vagabundas. Hierbas, árboles y flores a la conquista del mundo», Clément es conocido por su concepto del jardín en movimiento. En su breve currículum señala que es jardinero, paisajista, botánico y ensayista. En el opúsculo él hace un inventario de casi veinte plantas, cada una con una historia detrás donde muestra el desplazamiento por el mundo de parte de ellas, algunos por la mano de los humanos y otras, por los vientos, pájaros y la misma naturaleza. Como muchas de estas fueron recibidas en otros continentes con júbilo siendo después repudiadas por invasoras. Tengo una sospecha e hipótesis, en los telediarios cada cierto tiempo se agitan noticias sobre las especies invasoras en Europa, y seguidamente, se mencionan los peligros de la inmigración ¿es solo coincidencia?

El epílogo de Clément es memorable, él llama a la tierra jardín planetario, cuestiona esos jardines donde rozan el orden y la casi neurótica perfección, que descartan las llamadas malas hierbas. Que construyen paisajes de postal como el concepto de áreas protegidas que desalojan a indígenas y campesinos que están dentro de ellas, fuera alimañas dicen los ambientalistas desde sus escritorios y conduciendo confortables carros último modelo. Clément postula por una naturaleza más viva, intensa y elogia a esas plantas y hierbas que viajan por toda la tierra, incluso dice él que en esos paisajes abandonados hay vida de las plantas. Gran elogio a este jardinero e impenitente vagabundo.

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