Mundos sumergidos (II)

Imagen: Venecia
El escritor inglés J. G. Ballard en los años sesenta escribió la novela «El mundo sumergido», es una distopía. Los casquetes polares de la tierra se deshielan y trae como consecuencias la subida de las aguas de los ríos y océanos. Además, que las temperaturas medias suben varios grados. En ese contexto, surge la historia, no cuento más para no hacer un spoiler. Lo interesante de Ballard es que pudo anticiparse a lo que pueda venirse en este malhadado jardín planetario que moramos en estos tiempos del colapso climático. Es curioso que en el libro «Karuara. La gente del río» que recopila historias ribereñas, lo hayan titulado a la colección «Historias sumergidas del pueblo kukama», ¿Una feliz coincidencia?
Los relatos sumergidos recopilados en el libro «Karuara» tienen como fin o uno de sus fines, es desentumecer la memoria fluvial de este pueblo. Aunque, también debería servir para espolear la conciencia del cuidado del agua a toda la población amazónica, es un bien limitado y cada vez más escaso (y contaminado). Hay que tomar conciencia de la escasez en este mundo del superlativo consumismo. Hace poco surgió la falsa e interesada polémica cuando un escritor español se refería a la austeridad y se publicó una imagen de él al lado de la entrevista. La inteligencia artificial al ser consultada señaló que el reloj que llevaba era un Rolex. Esto sirvió para que en las redes sociales lo apedrearan por abogar por la gestión de la escasez y, al mismo tiempo, él comprando lujos muy caros –esos que apedrean no dicen nada de los tenistas y otros deportistas que se jactan de llevar los lujosos Rolex. Después se supo que el reloj que llevaba el escritor era un ordinario y común que valía cien euros. Umberto Eco señalaba que internet estaba lleno de una legión de imbéciles, razón no le faltaba.
Debemos ser conscientes de la escasez que nos rodea, el mundo puede quedar sumergido y a merced de los caimanes como retrataba Ballard en su novela distópica o de los enfados de los karuaras.