Zamia urarinorum

Foto: Zamia urarinorum, imagen bajada de internet
El descubrimiento de esta planta pareciera sacada de un cuento de Augusto Monterroso, escribía el escritor guatemalteco: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Sí, esta cícada estaba y está en los humedales de la floresta en silencio desde hace doscientos millones de años, la encontraron en las cuencas del río Tigrillo y Urituyacu, región de Loreto, Perú. Silente y discretamente nos observaba mientras era testigo de la transformación del planeta azul que es verde. La cita de Monterroso no es gratuita, esta planta considerada «fósil viviente», ha compartido espacio y tiempo con los dinosaurios. Su característica es la adaptabilidad, habita en ambientes inundables y tiene tolerancia a la falta de oxígeno. El nombre de esta planta hace honor al territorio que habita ancestralmente el pueblo indígena urarina. La amenaza que cierne sobre ella son los derrames de petróleo, la expansión agrícola y los proyectos de infraestructura, es por eso que piden su protección inmediata.
Como el personaje borgiano Pierre Menard de Ficciones, podríamos borronear el microcuento de Monterroso: Cuando despertó, la Zamia urarinorum todavía estaba allí.
Otro sí: Cruel paradoja, la presencia y el descubrimiento de esta planta reta el escapismo de los tecnomillonarios que han puesto los ojos en la Luna y Marte, ignorando lo que ocurre en los humedales de la tierra.
Segundo otro sí: Felicitar a los botánicos Ricardo Zárate, Michael Calonje y Malcolm A. Jones por este hallazgo de esta cícada y al pueblo urarina que la preservaron.