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Lecturas de final del estío

Este año no he podido disfrutar el estío en el hemisferio norte, he estado dedicado a tareas más familiares relacionadas con los cuidados al otro lado del charco. Ha sido un tiempo de aprendizajes, de lecciones y saneamiento, de estar más de cerca con los seres que uno más quiere en momentos apremiantes, de enseñanzas, de conocer a las personas no tanto por lo que dicen si no por lo que hacen. De beber una taza de café con mi madre después de una larga caminata, ella disfrutaba de esos paseos bajo el frío y la humedad de esta Lima arisca que no se deja querer; repasaba retazos de la vida de mi madre delante de una taza de café. No ha sido fácil, han sido días donde tenías que digerir gruesamente el dolor y mostrar que por más adversidad que hubiera no nos iban a doblegar. A no escaquearse de las situaciones difíciles porque el esconderse es una mala consejera. A estar en pie de lucha con la endeble y patrimonial administración que funciona a pedales y no por criterios sino con antojos mostrando la precariedad en la construcción jurídica del Estado. Volvía después de casi veinte años a Perú y me daba de bruces con la burocracia, te decían sí y ordenaban todo lo contrario. En todo esto, me sorprende y me sigue sorprendiendo la pasmosa resignación de la ciudadanía a lo que haga el poder político o la deficiente administración pública. No rechistar, bajar la cabeza y aquí no pasa nada, no vale reclamar porque eres molesto. En verdad, muy desilusionado ¿Qué nos ha pasado como colectivo? Ante tremendo panorama tenía que buscar afanosamente ínsulas donde respirar aire sano, fresco, no contaminado. Una de las islas a la que acudía era la librería «Blanca Varela» del Fondo de Cultura Económica, en la calle Berlín, en Miraflores, allí por unos minutos me olvidaba de lo que estaba viviendo. Me llenaba de ilusión repasando los títulos de los textos, de autores. He comprado varios libros como los cuentos de Clarice Lispector o «Reforestar la imaginación» de Miguel Rocha Vivas. O aprovechaba los viajes de F de Madrid a Lima para que me trajera en su equipaje libros de la sección pendientes de la biblioteca de casa. En momentos álgidos la lectura es la única tabla de salvación. OTRO SÍ DIGO: Otra de las maneras de vencer los agobios y otras tempestades era perderse por el Malecón Cisneros que bordea el Océano Pacífico, la inmensidad del mar diluye toda pesadez del alma.

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