Crisis para contar

Mirando a vuelapluma los talleres de escritura creativa que se publicitan por octavillas y anuncios, estos son una plaga -advierto que también impartí uno. No hay persona que se dedique al oficio de la escritura que no se le haya pasado por la cabeza impartirlo. La que ha levantado la espita de este bum han sido las redes sociales que han abierto la posibilidad que todo bípedo implume pueda escribir desde poesía hasta narrativa sin ningún filtro o, mejor dicho, los únicos filtros son los likes o el dedo pulgar levantado es la mejor señal de aprobación. No interesa sí está bien o mal, lo que vale son los likes. Pero está explosión de potenciales escribas y cursos para escribir, de alguna manera, están revelando una crisis. Esta es una de las ideas que se puede colegir después de leer el libro de Byung Chul Han “La crisis de la narración”. La escritura de estos tiempos es una escritura vaporosa, que no impregna, es de exhibición narcisista que se puede ver con cada fauno (hombres y mujeres) en sus andanzas y escaladas por las redes sociales que están acompañadas de las infalibles imágenes de ellos mismos; estamos seguramente ante la señal de nuevos tiempos, un viejo orden ha muerto o está agonizando. Un amigo en un ameno desayuno en Lima me decía que la imagen está derrotando a la escritura, mira los emoticones con que responden las conversaciones me comentaba con cierta resignación. Conozco un caso que unos jóvenes que van a visitar a sus abuelos, apenas gruñen para saludarlos e inmediatamente se lanzan al móvil como unos posesos. No escuchan a las personas de mayor edad, ellas y ellos piensan con brutal ingenuidad que la vida está en las redes sociales, es el nuevo catecismo, sin ella no somos nadie. Es un signo de los nuevos tiempos que aniquila la memoria, y como no, la experiencia.