¿No hay otras Amazonías?

Imagen de la muestra de Sebastián Salgado, Madrid 2023
La fotografía es un aliado clave para mostrar lo que llamamos realidad. Hoy se dispara con el clic de la cámara fotográfica todo lo que se mueve, más con los móviles donde se fotografía lo indecible. Decía Susan Sontag que la fotografía había dejado pocos territorios vírgenes, sí, si alguna vez lo hubo en la tierra. Hace poco leía la historia que una persona en un mercadillo compró una máquina fotográfica y dentro de ella se topó con las fotos de una familia, y trataba de contactar con la familia –historia como esta puede dar paso a una novela como en efecto lo ha hecho. En la floresta la fotografía fue y es una herramienta cómplice y útil. Los horrores de lo que ocurría en los rincones del Putumayo fueron retratados por una cámara fotográfica. Esas imágenes publicadas en un semanario inglés conmovieron a la opinión pública investigándose a la Casa Arana por las atrocidades que se cometían en esas comarcas del espanto. También lo encontramos en el libro del magistrado Carlos A. Valcárcel o las que tomó Roger Casement en los territorios del diablo como llamaron al Putumayo. En los años setenta, Sebastián Salgado, retratista brasileño, fotografió lo que ocurría con los garimpeiros en la búsqueda ansiada del oro en Serra Pelada, en Pará, Brasil. Con esas imágenes de denuncias contra la condición humana y la agresión del entorno natural me quedé del trabajo de Salgado, pero todo cambió al ir a verlo en una muestra en Madrid titulada «Amazonía», que ha recorrido varias ciudades europeas, se ciñe a los barrizales brasileños, un grave defecto de enfoque ¿No hay otras Amazonías? Al menos debió advertirlo con un pie de página. Me dejó la exposición un sabor a trago amargo. Se mostraba una Amazonía idílica, a ratos caminabas, con los ecos de ese discurso de la floresta vacía y del buen salvaje como muchos novelistas siguen retratando esta parte de la floresta. No mostraba esa Amazonía que es agredida día sí y día también con la deforestación, la minería ilegal, el narcotráfico, la biopiratería, el hábitat de las ciudades como las penurias para acceder al agua potable, a una vivienda digna entre otras desdichas. Te quedas con la pregunta ¿Hay solo esa Amazonía que nos mostró Salgado?