¿Pergamino literario?

Fotografía: Dublín
Cada vez que anuncian la lista de los que viajan representando al país, en este caso, a una feria de libros u otros eventos culturales, es el chupinazo para dar rienda suelta a: las patadas, placajes, codazos, zancadillas, puñetazos, diatribas. Se arma la batahola ¿Qué esconde tanto lío?, ¿Será la vanidad o vanidades? Tanto en España como en Perú o en la Amazonía norte observo las mismas broncas ¿Por qué no estuvo tal o cual fulano o fulana?, ¿funciona el cabildeo editorial, la meritocracia? Es el lío de nunca acabar y que no va ninguna parte. Pero si estás en la lista, y con la pelotera de por medio, es mejor hacerse el «muertito», estar en silencio y no moverse es la principal recomendación porque te pueden apear de los elegidos. Vaya panorama que tenemos, es la cultura en la sociedad del espectáculo. Me pregunto ¿estar entre los elegidos es un mérito literario?, ¿Suma a mi currículum en el patio de letras? Estoy convencido que a los letraherides se les juzgan por lo que escriben, no por estar en los aviones entre feria y feria o evento y evento. No creo que Franz Kafka o James Joyce se disputaran por estar en esas ferias de las arrogancias. No es un trabajo literario, es un trabajo de publicidad, de relaciones públicas –curiosamente, Joyce hacía un símil a la publicidad como sinónimo de la pornografía ¿le faltaba razón?