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Leyendo la ciudad

Fotografía: un pasaje de Paris

¿Cómo aproximarnos a la ciudad? Una de ellas es a través de un observador, un flaneur, aquel viandante que va tomando nota (y memoria) de lo que ocurre en la ciudad. Que esté atento a su transformación, su evolución o su involución. Sus sueños, pesadillas, sus aspiraciones. La ciudad la hacemos lo que vivimos en ella. Desgraciadamente, Isla Grande ha sucumbido a los malos alcaldes que han dirigido y dirigen la ciudad –es un problema crónico, y la floristanía –la ciudadanía de la floresta- se ha quedado impávida y cruzada de brazos al sindiós urbano. Es una ciudad sin rumbo que no nos han enseñado a quererla.

Una grata manera de rastrear a una gran urbe es el libro de Jorge Carrión «Barcelona. Libro de los pasajes». El acercamiento a una ciudad como Barcelona es a través de un curioso dato y paisaje urbano: los pasajes. Una de las definiciones del diccionario es: «paso público entre dos calles, algunas veces, cubierto», en las calles de París se puede ver estos pasajes en su máxima expresión. En una cuadra, casi a la mitad, hay una calle que atraviesa esa manzana que está llena de locales comerciales o para tomarse un café. En la almendra de Madrid, he visto solo uno, puede haber más. Pero en Barcelona, hay muchísimos y Carrión con gran erudición da cuenta de ello, apela al pasado y al presente rabioso.

Abordar los pasajes, es una buena excusa para explorar la ciudad. En uno de esos pasajes del libro, nos revela que en el pasaje Tasso quedaba una imprenta, la Imprenta Tasso, de Lluis Tasso i Gañols, el propietario. En la bibliografía sobre el caucho tenemos, que allí, en esa imprenta se editó un libro de Julio C. Arana para defender su posición sobre la acusaciones sobre los crímenes del Putumayo.

El libro de Carrión es un híbrido donde confluye la crónica, la entrevista (a los vecinos que vivían en esos pasajes), el ensayo, el diario de viaje urbanita, aspectos de su biografía. Hay entre otras, una jugosa entrevista a Eduardo Mendoza, Premio Cervantes, que vivía en su infancia en un pasaje. O referencias a Enric Miralles, arquitecto catalán que amaba su ciudad.

Libros como el de Carrión alientan a acercarnos a la ciudad eludiendo la queja melancólica, está liberado de toda hipoteca sentimental.

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