La casa de las letras

Fotografía: Casa Museo José Saramago
En una actitud casi de detective literario visitamos los hogares de las escritoras y escritores. Uno va en búsqueda de huellas, confirmar un dato o información, observar el ambiente de la casa, ver lo que ha sido su cocina literaria –las letraheridas y letraheridos vivos preservan la intimidad de su cocina, es inaccesible según los casos. En esta oportunidad, fuimos a Lanzarote y sin dudarlo tomamos una guagua (autobús) para encaminarnos a la Casa Museo de José Saramago –en el diploma del Nobel de Literatura dice: José de Sousa Saramago. Fue nuestra primera parada en la isla volcánica, está a dos horas y media de Madrid por avión.
Habíamos solicitado con un mes de anticipación la visita, en verdad que no nos decepcionó. El la llamaba a Casa de las Letras. Me encantó la casa, su austeridad, por allí pasaron las celebridades del mundo literario y artístico –por ejemplo, César Manrique, arquitecto, a quien Lanzarote debe mucho- no se advierte el lujo fatuo. Estuvimos unos minutos en su escritorio, la cocina, la terraza, el dormitorio –allí dio el último suspiro, como nos explicaba la guía y la audioguía . Hay retratos de Pessoa, de Joyce, Borges, a quienes tenía como referencia. Tenía un perro de nombre Camoes, como el escritor portugués. Después visitamos la biblioteca y, en el epílogo de la estancia, leímos un párrafo de «Levantado del suelo» de la autoría del escritor nacido en Azinhaga, Portugal.
¿Qué hacía un portugués en Lanzarote? Es la primera pregunta que se nos viene a la cabeza. A raíz de la publicación del «Evangelio según Jesucristo» y la acerba crítica al libro –en su país le vetaron para presentarse a un premio, él decide con su mujer, Pilar del Río (presta su voz en la audioguía), irse a vivir en las Islas Canarias, allí vivía un cuñado de él. Una lectora brasileña, de Fortaleza, le lanzó filípicas por el texto, le decía en una carta: «hereje, ateo, impío» entre otras lindezas, además que «todo portugués es burro», él lo tomó como humor e ironía. De Saramago son sus palabras: «Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía». En una selección de escritores insulares, él es uno del florilegio.
Había leído de él «Cuadernos de Lanzarote» y me picaba la curiosidad ¿Cómo escribir desde una isla del Océano Atlántico? Con Saramago y otros letraherides, se entiende mejor la labor de la escritura desde los márgenes.
Pueden ver el siguiente vídeo de José y Pilar: https://www.youtube.com/watch?v=y7_vnJmrK60