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Entrevista Alexa Peralta Cahuaza: «En el ámbito rural, la carencia de bibliotecas accesibles y de docentes capacitados en mediación lectora es alarmante y profundiza la brecha»

Fotografía: Alexa Peralta Cahuaza

La región de Loreto, en Perú, arrastra un lastre y déficit pasmoso por largos años en la compresión lectora y la lectura. Es una asignatura pendiente en este proceloso mar de cortoplaclismo crónico de los decisores políticos en esta parte de la Amazonía. Este tema y otros asuntos hemos abordado con Alexa Peralta Cahuaza* estudiante de Literatura de la UNAP, aquí la breve entrevista.

Conociendo que ocupamos los últimos lugares a nivel nacional en comprensión lectora y lectura, sin olvidar la anemia infantil que nos azota ¿A qué atribuyes esa debilidad regional lectora? ¿Cuestiones de infraestructura, falta de política de corto, mediano o largo plazo?

Considero que esa debilidad no responde a un solo factor, sino a una suma de fallas estructurales; sin embargo, sí tengo que señalar la principal, la falta de políticas de Estado a largo plazo sería mi elección. Las iniciativas educativas en nuestra región suelen ser efímeras, cambian con cada gestión de gobierno y no transcienden los ciclos administrativos, lo que impide consolidar una verdadera cultura lectora.  En cuanto a la infraestructura, creo que es un factor importante, pero no el definitivo. En el ámbito rural, la carencia de bibliotecas accesibles y de docentes capacitados en mediación lectora es alarmante y profundiza la brecha. En el escenario urbano, paradójicamente, aunque existe más acceso a libros y tecnología, no se aprovecha adecuadamente porque se prioriza la lectura mecánica y obligatoria que tiene fines memorísticos. La lectura no puede ser solo una tarea escolar, debe ser un derecho cultural y una herramienta de ciudadanía, mientras se siga concibiendo de la misma manera seguiremos ocupando esos últimos lugares.

Sabiendo que trabajas la tesis sobre el hábito lector en docentes y en el alumnado. ¿Ambos leen lo suficiente?, ¿Se promueve el hábito lector en las aulas? ¿Se lee más en papel o en medios digitales?

Justamente, el eje central de mi investigación nace de esa ausencia de datos. A nivel regional, no contamos con estudios sistemáticos y actualizados que nos permitan confirmar, con rigor, si docentes y estudiantes universitarios leen lo suficiente. Todo lo que puedo decir al respecto, por ahora, se mueve en el terreno de la especulación o la evidencia empírica. En cuanto a la promoción dentro de las aulas, es cierto que se intenta, pero el problema radica en que estos esfuerzos son aislados y desarticulados. Por eso, los resultados positivos se quedan en ciertos sectores sin lograr un verdadero trabajo en conjunto.

Sobre el soporte de lectura, creo que actualmente la tendencia es clara, la juventud se inclina decididamente por lo digital. Y esto no responde tanto a una preferencia estética, sino a una necesidad práctica y económica. No es un secreto que los libros físicos son cada vez más inaccesibles por su costo; en cambio, un dispositivo móvil o una computadora abren más posibilidades. A esto se suma que el entorno digital permite acceder a géneros, autores y temáticas que realmente conectan con los intereses de los jóvenes, alejándose del canon obligatorio que muchas veces resulta ajeno y tedioso. Sin embargo, insisto, la mera digitalización no resuelve el fondo del problema. Si no hay un acompañamiento adecuado, una metodología clara y una política institucional que respalde estos procesos continuaremos en el mismo panorama.

Apelando a la fantasía ¿Cómo sería tu biblioteca imaginaria?

Mi biblioteca imaginaria sería una inmensa plataforma digital universal y gratuita, accesible desde cualquier rincón del mundo con solo un dispositivo y conexión a internet. En ella estarían todos los libros jamás escritos, sin excepción: desde los manuscritos más antiguos hasta las obras más recientes, en cualquier idioma, sin censuras y sin muros de pago. Pero lo realmente fantástico sería la tecnología inmersiva: no solo leerías, vivirías la historia. La narrativa se volvería una experiencia multisensorial, donde el lector es protagonista y espectador a la vez. Esta biblioteca imaginaria rompería todas las barreras que hoy nos obstaculizan: económicas, idiomáticas, geográficas y educativas. No sería un lujo, sino un derecho humano.

*Alexa Peralta Cahuaza. Estudiante de Educación Secundaria con especialidad en Lengua y Literatura en la UNAP. Miembro de la organización juvenil Generación del Veintidós, que promueve la lectura entre los jóvenes de la región.

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