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Entrevista a Sara Vásquez Rengifo de Avellaneda: «Esa biblioteca en la floresta sería un espacio natural y libre: un entorno lleno de verdor, con sogas silvestres entrelazando el lugar, troncos caídos transformados en bancas, y hamacas o esteras»

Imagen: Sara Vásquez Rengifo

La lectura y los libros deben contar con aliados o cómplices para que puedan florecer y multiplicarse lectoras y lectoras, una de las claves son las personas que están detrás del mostrador en las bibliotecas, ellas y ellos son las guías que nos pueden hacer entrar a otros mundos inimaginables. Aquí la entrevista con Sara Vásquez Rengifo*, encargada de la biblioteca del Colegio Parroquial «Sagrada Familia»:

La Amazonía parte de la premisa de un déficit de comprensión lectora y de acceso a la lectura, sumado a la existencia de anemia infantil. Las cifras no nos engañan porque ocupamos el último lugar ¿Qué políticas públicas están fallando? ¿Hay desinterés para corregir?, ¿Qué mecanismos pudiéramos utilizar y enmendar este déficit lector?

 Hablar de la Amazonía sin hablar de salud es ignorar la raíz del problema. Me apena profundamente las condiciones en las que estudian los niños de las comunidades más alejadas. Es doloroso que, habitando una región con tantos recursos naturales, exista una cifra tan alta de anemia infantil; esto golpea directamente el desarrollo cognitivo, la concentración y el aprendizaje, lo que desencadena nuestro preocupante déficit en comprensión lectora. Las políticas públicas están fallando rotundamente porque los planes de las autoridades se escriben desde la frialdad de un escritorio en la capital. Hace falta pertinencia territorial: que conozcan la realidad de cada rincón de nuestra selva. Hay un desinterés evidente y una alarmante burocracia; hoy en día, las autoridades creen que basta con enviar bloques de libros, sin entender que nuestros estudiantes necesitan bibliotecas vivas, mediadores de lectura capacitados y proyectos sostenibles en el tiempo. Para enmendar este déficit, propongo tres mecanismos urgentes: primero, una alianza real e integrada entre los ministerios de Educación y Salud; segundo, descentralizar la producción de materiales pedagógicos para que reflejen nuestra identidad y tradición oral amazónica; y tercero, revalorizar las bibliotecas escolares para dejar de verlas como simples depósitos de libros y transformarlas, como siempre digo, en el verdadero corazón cultural de la escuela.

En la biblioteca escolar que tú gestionas ¿Cuál es el perfil de quien accede a los libros? ¿Qué tipo de lectura prefieren leer: novelas, cuentos, ensayos?, ¿Prefieren la lectura de papel o digital?

 En la biblioteca del Colegio Parroquial Sagrada Familia, la cual tengo el honor de gestionar, no existe un perfil único, ya que la concebimos como un espacio estrictamente democrático. Aquí acuden docentes en busca de herramientas pedagógicas, niños de primaria tras su primer libro y jóvenes de secundaria que buscan un refugio o una historia que los atrape; el único rasgo común es la curiosidad. Respecto a sus preferencias, los alumnos de inicial y primaria se inclinan con fuerza por los cuentos y leyendas amazónicas—aplicando el principio de «primero lo nuestro»—, siendo los textos más solicitados. Por su parte, los de secundaria muestran gran interés por novelas cortas, textos de ciencia y naturaleza, y libros sobre la época del caucho, un tema que ha causado un impacto profundo en ellos. Esto me entusiasma muchísimo: demuestra que, a pesar de la invasión tecnológica, aún existe un porcentaje importante de estudiantes que prefiere la calidez, el contacto y la textura del libro de papel.

¿Has soñado con una biblioteca en la floresta? ¿Cómo sería esta biblioteca imaginaria?

 Hablar de una biblioteca en la floresta hace que se me acongoje el corazón de nostalgia y emoción. Crecí parte de mi infancia en pueblos alejados de Iquitos, y esos recuerdos afloran porque mi papá fue docente por esos territorios. Estar rodeada de árboles, cerca de los ríos, respirando oxígeno puro mientras el sonido del bosque te envuelve, es algo que dibuja de inmediato una sonrisa en mi rostro. Esa biblioteca en la floresta sería un espacio natural y libre: un entorno lleno de verdor, con sogas silvestres entrelazando el lugar, troncos caídos transformados en bancas, y hamacas o esteras en reemplazo de los fríos tapetes. Imagino a los niños y jóvenes desbordando libertad, con un libro en las manos, leyendo por puro placer. Sería revivir la esencia del viejo Oroma, el inolvidable personaje de Roger Rumrrill, contando historias a los habitantes de su pueblo al aire libre, bajo el cielo de nuestra Amazonía.

*Sara Vásquez Rengifo. Licenciada en Educación en la especialidad de Lengua y Literatura por la UNAP, con sólida experiencia en docencia y animación a la lectura. Actualmente se desempeña como encargada de la biblioteca escolar en la Institución Educativa Parroquial «Sagrada Familia» en Iquitos. Su labor se centra en la organización técnica, fomentar el hábito lector y desarrollar competencias comunicativas a través de la tradición oral. Es apasionada por transformar la biblioteca en un espacio democrático y en el corazón pedagógico de la escuela.

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