Entre ruinas y rastros

Fotografía: Viena, Austria
Callejear por Viena es como si estuvieras caminando por Machu Picchu, por Teotihuacán, por la selva de Tikal en Guatemala, en Roma, Estambul, Madrid o Londres, paseas por las ruinas de los imperios que fueron, queda la majestuosidad de esa historia, con lo que implica llevar como lastre ese pasado ¿Cómo pudieron construir esos imperios? ¿Bajo qué costes de barbarie y de civilización? El centro de Viena es de grandes monumentos, de jardines verdes y floridos, de edificios que marcaron una época dorada y más. Perderse en sus calles es lo mejor que te puede pasar. Quedan esas briznas de lo que fue. En esos garbeos por sus rúas recordaba a Stefan Zweig, erudito escritor austríaco, de bigotes y algo subido de peso, en las fotos sale casi siempre de traje y corbata, pareciera un personaje biempensante y era todo lo contrario. Una vez un conocido me recomendó sus memorias «El mundo de ayer» y desde allí no lo suelto, Zweig era alérgico a los nacionalismos. Describe el mundo europeo antes de la llegada de los totalitarismos que cegaron a Europa, y que desgraciadamente, estamos a un tris de volver a estarlo -por ejemplo, la vieja Europa ha sepultado al derecho de asilo ante la ola migratoria siendo uno de los pilares en los derechos fundamentales contra las persecuciones políticas –sí, ya sabemos que los derechos humanos para la ultraderecha y los fujimoristas es chino cantonés. De Zweig son conocidos sus libros biográficos sobre Michel de Montaigne, Ana Estuardo y más personajes públicos, sin olvidar sus novelas. Ante la persecución nazi él con su mujer de entonces, se fueron a vivir a Brasil, Petrópolis, y ante el triunfo de los nazis le ganó el pánico, junto con su compañera planificaron al detalle el suicidio de ambos, no dejaron cabo suelto, pagaron hasta el salario de las personas que estaba a cargo de la limpieza de la casa, la luz eléctrica, todo. Esa huida bajo aprensión, seguramente, le provocó unos nervios cervales con la aparición de los inquisidores del nuevo orden y la moral. Estando allí en Viena fui hasta la calle y casa donde él vivía, no queda rastro de ello, hoy es un lujoso hotel. Leía que el museo de Zweig no está en Viena sino en Salzburgo, pero lo mejor es andar por las calles vienesas evocando a este escritor europeo.