Cariñito dulce amargo

Fotografía: Isla Grande, Perú
Hace unos días entrevistaron en un diario de Lima a la historiadora Carmen McEvoy, ella ha escrito libros de historia y ensayos sobre el presente de nuestro país. Leí una de sus obras mientras escribía sobre un indígena litigante de purmas en Iquitos a principios del siglo XX, tras hurgar en los archivos judiciales en la Corte Superior de Loreto. En el expediente judicial con grandes dosis de simetría logra enhebrar una ley nacional con una costumbre indígena como argumento jurídico. Pero volvamos a McEvoy, casi al final de la entrevista le piden que recomiende una canción que pueda traducir los momentos que vive el país. Ella eligió a la cumbia «Cariñito», y añade, es un himno a la dulzura. Es más, agrega que la cumbia tiene como ingrediente «su aire y raíz amazónica», esa impronta está desde el primer momento con el sonido de la guitarra, que nos transporta a las legendarias cumbias de la selva. A raíz de esa sugerencia fui a una de las plataformas de música para recordar la cumbia, quien la compuso fue Ángel Aníbal Rosado en 1979, año que salía del colegio. La cumbia fue todo un éxito no solo en Perú, recientemente, la cantante Dua Lipa la puso entre sus elegidas en el concierto que dio en Lima. Es una cumbia que bebe de aguas amazónicas, de querencias andinas y fue escrita por un limeño. Al repasar y tararear la letra la sentía dulce, sí, pero, una dulzura con desasosiego, con gramos de congoja, de implorar, «por quererte, por amarte», pero de una posible pérdida también, «no me abandones». La canción resume esa relación conflictiva que tenemos con el país, que lo amamos pidiéndole que no nos abandone –en verdad, un amor complicado de diván. Le imploramos que en los momentos difíciles no se vaya, quizás la canción sea ese tambo para guarecernos en este tiempo de borrascas.
Otro sí: Para sumar al desazón de estos tiempos electorales, la Amazonía es fujimorista. Y esta vez, un gran acierto, Lima ya no es el Perú, felizmente.