Berggasse 19, Viena

Fotografía: Museo Sigmund Freud, Viena
Volvía a Viena después de casi treinta años. Recordaba fragmentos del primer viaje. La nieve nos acompañó durante esos días, claro, que un pájaro de la floresta acusaba el rigor del invierno. Pero esta reentré después de seis lustros era en verano, la ciudad tiene otro aire y momentos en el estío. Es más florida y con color. El tranvía ya no es el antes, le han quitado ese aire romántico de principios del siglo XX. En el viaje anterior me quedé con la espinita clavada de no haber visitado el museo de Sigmund Freud, esta vez me propuse visitarlo y dediqué una tarde para mi objetivo. Al mismo tiempo, la idea también era garbear por las calles vienesas como un flâneur, de perderse por la ciudad y observar como recomendaba Walter Benjamin. Respirar y pulsear la città. Pero no como esos turistas de la «cultura de pantalla», mirando el móvil para llegar a la dirección que nos dice el Google map. Mi propósito era callejear con un mapa en la mano como en los viejos tiempos en la que había sido la capital del imperio austrohúngaro, escuchar esos ecos por donde paseaban Sigmund Freud, Stefan Zweig entre otros, Freud con la aproximación psicoanalítica revolucionó las ciencias sociales; sobre todo la literatura le debe mucho a Freud, un claro ejemplo de ello es la narración del «Ulises» de James Joyce. En este norte, es una asignatura pendiente abordar el período cauchero en la Amazonía desde el psicoanálisis, como es el caso del trauma y el sufrimiento. Pero llegar a la dirección fue una odisea preguntando a los transeúntes que te daban diferentes señalizaciones, pero por fin llegué por fin a Berggasse 19 que es la dirección del museo. Primero llegué al parque donde hay monumento discreto a él y después a la que fue su casa y consultorio, y hoy se ha hecho museo. Allí pude ver el contexto en el cual se movía Freud, objetos personales como el maletín son sus iníciales (SF), el sombrero, sus apuntes, las publicaciones. El lugar donde estaba el famoso diván, la biblioteca (tenía alrededor de 4,500 libros). Trataba de no perderme nada, como un vídeo que fue filmada por su hija en una reunión familiar. Tuvo que huir por la persecución nazi contra los judíos (quién iba pensar que en estos días el Estado de Israel es quien comete crímenes contra la humanidad). En la quema de libros de los nazis en Berlín entre los textos quemados estaba los de Sigmund Freud, Franz Kafka y otros más. En una de las habitaciones del museo, hay una ventana colinda con unos árboles del patio de la casa, me acerqué porque da mucho sosiego para pensar en estos tiempos de vértigo y crispación, merecida pausa. Unos minutos sentados en un sillón del museo y de vuelta a ambular por la ciudad.