¡Ammuina!

Fotografía: Cubierta del libro hecha por la artista palestina Malak Mattar
Al cerrar la última página del libro «Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina» de Francesca Albanese, terminas con el corazón en un puño por la tragedia que narra esta jurista italiana, en una de las áreas donde la muerte campea en cada centímetro ante la mirada indolente del mundo. Pero a la vez, te espolea el compromiso de apostar por la esperanza por la lucha del pueblo palestino contra la Shoa perpetrada contra ellos y ellas, contra los niños y niñas fallecidos son de una cifra escalofriante, de insomnio. La humanidad no puede mirar al otro lado lo que está pasando allí. Recordemos que Albanese es la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en Palestina de Naciones Unidas, sus informes y este libro dejan el testimonio de una mujer comprometida con la vida y la justicia histórica. El texto reúne el florilegio de nueve historias de vida que punzan la conciencia y pergeñan lo que está pasando en esa parte en Gaza -hay felizmente judíos críticos con lo que sucede en Gaza. A ratos, te sientes mal moralmente contigo mismo en este mundo cada vez más narcisista y gobernado por déspotas. No hay ninguna de las historias seleccionadas que desmerezcan, hablan las víctimas de esta tragedia humana. De la locura de los responsables que parece que no tiene límites, lo peor, es que cuentan con avales cínicos de la comunidad internacional. Sin querer estas historias me recordaban a las memorias de la Amazonía, este espacio donde todavía se escuchan vagidos de una herida sangrante que no se cierra. En el último capítulo, apela a la experiencia sobre la invasión, destierro, ocupación y desarraigo que han sufrido y sufren los pueblos indígenas en América contra los que les han usurpado sus tierras, del éxodo, del trauma que dura hasta hoy, de la búsqueda de la justicia histórica. Hay una frase que dice en la introducción Albanese: ¡Armemos una Ammuina!, Ammuina en napolitano significa alboroto, ella apela a un vocablo de su lugar de origen. Después de leer el libro uno termina con ganas de armar un gran alboroto para despertar las conciencias que están aletargadas.