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Ah, los extranjeros

Imagen: garbeos madrileños

Los extranjeros, las extranjeras y los extranjeres somos los apestados de todos los lugares. El intelectual palestino Edward Said decía en sus memorias, que los expatriados como él están fuera de lugar. Lejos de tu patria de nacimiento, los aborígenes nos ven como invasores, que desbordamos los servicios públicos, que quitamos el trabajo a los nacionales, que somos delincuentes, que vivimos de las pagas del Estado, y por eso se apela como justificación a «la prioridad nacional». Primero, los nativos antes que los inmigrantes. Recuerdo que en una estación de autobuses en Castilla León, hace ya unos largos años, decía en un cartel grande donde salían unos hombres con traje y corbata diciendo: Primero, los españoles. Cuando se vive fuera de la patria de origen son las raciones de estupideces que escuchas a diario y con las que debes convivir. Pero, cuando desde el exilio comentas situaciones de política nacional o de otras situaciones de la vida social de tu patria originaria, tus coterráneos te endilgan que eres un ultramontano, que no opines, que no vives el día a día del país y por eso hay que dudar de la legitimidad de tus opiniones, eres un europeo o un «gringo supi» si vives en Estados Unidos de América, rojete, terruco, izquierdoso, colonizado, chavista, desfasado entre otros versos envenenados. Como dice un rey emérito de la península ibérica, te espetan a la cara porqué no te callas. La cuestión toma gravedad al volver a la patria por unas semanas. Ahí sufres pillerías, por no decir otro término bien perucho, como bautizo a tu extranjería, es el diezmo que pagas por tu ausencia en esa bendita y añorada tierra. No enumero la lista de agravios para no ofender. En España hay en marcha un proceso de regularización de inmigrantes, la derecha española y su gemelo de la ultraderecha, se han opuesta a ella, dicen que esa medida electoralmente favorece a la izquierda. El Papa agustino en su reciente visita a la tierra de Santa Teresa de Ávila, ha dicho públicamente que este país debería ser suelo de acogida, por eso se ha reunido aposta para escuchar a los inmigrantes. Pero como dice mi madre: por un oído les entra y por el otro les sale a las voces antiinmigración, después de aplaudirlo a rabiar desde las tribunas del parlamento español. Pero estas pobres personas cortas de ideas parten de una premisa falsa, porque los inmigrantes en su mayoría votan a la derecha, no a la izquierda. Blanco y en botella: lo pueden ver en las últimas elecciones en Perú, los extranjeros de derechas han inclinado la balanza del triunfo de la hija del fallecido autócrata Alberto Fujimori ¿seguiremos siendo los apestados o fuera de lugar? Quién sabe.

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